Protolenguaje

Me decía una y otra vez baby, baby, baby, baby.

Había desarrollado un protolenguaje, estaba a un nivel superior.

Yo no entendía nada, por más que le preguntara.

Baby, baby, baby, baby, baby, baby.

Siempre que íbamos a cenar discutíamos sobre el postre.

Entonces me decía: baby, baby, baby, blú.

Y se me pasaba.

Published in: on 28 agosto 2008 at 11:22 pm  Comments (2)  
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La devoradora de almas (I)

12 de enero.

El alcohol se evapora por mis poros para condensarse con el ambiente y hacer de mí una masa viscosa y borracha. En días como hoy me da por llorar, pero esta vez es distinta. Esta vida es distinta y voy a aprovecharla porque es la última de todas.

14 de enero.

Soy una depredadora de almas. Anoche bajé al bar de siempre, a la hora de siempre y como siempre, sola. Por primera vez me atreví a levantar la mirada por encima de la copa, y ahí estaba yo en todas partes. La chica que charlaba con indiferencia con sus amigas, el perdedor en el rincón manipulando algún objeto inexistente, los niños de papá que se metían de todo en los servicios. Todas esas personas eran yo.

Apuré hasta la última gota y sentí un escalofrío. Necesitaba más y sabía quién me lo podía dar. Salí del bar y me siguió una pareja con la que estuve cruzando miradas toda la noche. Debían tener entre los dos mi misma edad, y eran un calco la una del otro; seguro que compraban la ropa juntos, pensé al tiempo que soltaba una carcajada. Les hice subir y les ofrecí una copa.

Mientras él insistía en contarme su vida balbuceando, ella asentía con una media sonrisa. Que estaban sobrepasados era algo obvio, pero no me importaba. Disfrutaba con sus tribulaciones, me hacía grande y poderosa según se sucedían, acompasados, los segundos. Finalmente me abalancé a probar esa juventud de la que hacía tiempo no disfrutaba.

Mi mente se nubló de una manera maravillosamente perturbadora, me sentía como hacía años y, ahora sí, mis invitados hacían bien a corresponderme. No miento, sería estúpido hacerlo, si admito que me relamo al recordarlo y mis dedos a duras penas aguantan el traqueteo del teclado. Cuando, poseída por un frenesí de sexo y carne, noté el sabor de las primeras gotas de sangre, comprendí que la velada había terminado. Le di a mi compañera un pañuelo que se metió en las bragas, recuerdo de mis sedientos colmillos, y se fueron sin mediar palabra.

Por mi parte he seguido gozando la noche, a media voz entre trago y trago.

Published in: on 22 agosto 2008 at 9:20 pm  Comments (1)  
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La panda Destroyer

Cuando vi pasar al muñeco ante mis ojos

siete palabras brotaron indiferentes de mi boca

o tal vez doce, a borbotones y ansiosas.

Le dije que tenía prisa esa noche

y nos fuimos al pipí.

Published in: on 12 agosto 2008 at 7:11 pm  Comments (1)  
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Los gaticos

Los gaticos eran tres:

Mariano se llamaba el mayor,

Andrés el gatico mediano

y Jesús, que era el más chico.

Estos eran los gaticos.

Published in: on 26 julio 2008 at 2:08 pm  Comments (1)  
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Jonas, el hombre bicéfalo

Cuando Jonas se mudó a Londres a lanzar su carrera como actor, nunca pensó que llegaría a adquirir semejante celebridad. Y desde luego nunca pensó que su carrera en los escenarios resultara tan mediocre.

Jonas era, en cierto modo, un prodigio de la naturaleza desde su nacimiento. De padre alcohólico y madre funambulista, vio la luz en plena función al ser precipitado violentamente contra el suelo durante un ejercicio de la buena de Brita.

Brita era la madre de Jonas.

Durante una semana el joven Jonas se mantuvo con vida a duras penas. Fue sometido a numerosas operaciones debido a sus múltiples traumatismos que a la larga le dejarían secuelas en el habla. En una de estas, y ante el alarmante problema de retención de líquidos que se acrecentaba a cada momento, el equipo médico optó por una solución heterodoxa: implantarle un segundo pene, completamente funcional.

Lo que en principio fue una solución de emergencia, poco a poco dejaba de ser traumático para convertirse en una seña de identidad. En su adolescencia, Jonas gozó de cierto éxito entre la gente local, a quienes ofrecía espectáculos a cambio de unas coronas. Su repertorio incluía torsiones, estiramientos y nudos marineros; su principal número consistía en tragarse una bolsa de tinta y escribir el nombre de un espectador a dos colores.

En aquella época tuvo (según su biografía autorizada Yo hice de Melchor) sus primeros acercamientos sexuales con dos gemelas españolas que estaban de vacaciones. La particular anatomía de Jonas las sedujo desde el primer momento, y juntos tuvieron gratos momentos, más lúdicos que otra cosa. Las hermanas pusieron nombre a sus dos pollas: la primera, que poseía el don del tamaño, se llamaba Paella, mientras que Torero poseía el don de la paciencia.

Pronto los rumores se desataron: le tildaban de monstruo, de ser una suerte de Medusa sexual, de no dejar propinas en las cafeterías o de aparecerse cuando alguien pronunciaba tres veces su nombre frente a un espejo. Harto de las habladurías del conservador pueblo, Jonas sorprendió a su familia cuando les anunció su decisión de viajar a Londres para dedicarse a su gran pasión: la interpretación.

Los inicios en una nueva cultura nunca son fáciles. Jonas contaba con la ventaja de conocer canciones en inglés, lo que hizo la transición má llevadera. Se pluriempleó como pudo, desempeñando labores para las que no estaba en principio cualificado pero que le permitían acudir a castings nocturnos en los locales más sórdidos de la capital británica. Su oportunidad se resistía, pero nunca perdió la fe. Una noche conoció a JB Stephens, quien sería su mentor en sus inicios.

Fue en otoño, luego de otra desastrosa audición de Jonas. En los lavabos del tercer antro de la noche, orinaba con Torero al tiempo que con Paella ejecutaba una frenética aunque mecánica danza masturbatoria. Stephens estaba presente en ese momento, y ofreció sus servicios a Jonas luego de una proposición indecente. No le costó convencerlo, ya que el trato beneficiaba altamente a ambas partes. La fórmula era simple: porno.

En una industria tan estancada en aquella época como la pornográfica, Jonas se hizo rápidamente un nombre en los circuitos underground de la metrópoli, y según pasaban los días su cotización crecía sin aparente techo. Los motivos eran ovbios, ya que pese a su limitado talento interpretativo era capaz de elaborar técnicas hasta el momento desconocidas. Era de hecho el único actor capaz de follar a dos mujeres simultaneamente, o de negociar con una sola vaginal y analmente. Asimismo solía recitar a Bacon, pero con escasa credibilidad. Guiado hábilmente por Stephens, Jonas fue conociendo lo más selecto del mundillo y se rodeaba de los mejores profesionales. Por primera vez una película considerada X compitió en la sección oficial de los principales certámenes internacionales. Se trataba de su obra más famosa, El chico de los perritos calientes.

Sin embargo, como reza un dicho de la profesión, todo lo que sube baja. El rabioso éxito de público cosechado hasta la fecha, cuyo punto álgido fue El chico de los perritos calientes, no tenía el respaldo esperado por parte de una crítica que tal vez no estaba preparada para semejantes alardes. Jonas se sintió por primera vez infravalorado, y la prensa utilizaba sus polémicas declaraciones -llegó a sugerir que la Reina no sabía distinguir un pollo de un espejo retrovisor- manipulándolas de forma burlesqua. Stephens se decidió a actuar antes de que la cosa fuera a mayores.

Abandonó a Jonas en la cuneta como a un perrillo chico.

Durante los siguientes años poco se supo del hombre bicéfalo. Viajó a España a reencontrarse con su vocación arrebatada, aunque sus constantes desequilibrios lo encasillaron en papeles de psicópata en series televisivas de poca monta. La afición de Jonas por colarse en los banquetes de boda y comerse la tarta le pasó gradualmente factura, hasta el punto de desaparecer de la memoria general.

Pero cuando ya se había resignado a su esquiva suerte, le llegó la oportunidad que tanto había estado esperando desde que era un chaval: iba a protagonizar la cabalgata de Reyes de Huércal, en el sur del país, vestido de rey Melchor. Jonas convocó a la prensa, esperanzado. Craso error por su parte. Durante su actuación fue objeto de burla por parte de la chiquillada, más concentrada en hacer puntería en Melchor que en seguir los consejos de sus padres, y hacerla en Baltasar.

Al día siguiente los noticiarios fueron aún más crueles. Jonas no lo pudo soportar, y apareció una semana más tarde en el suelo de su casa. Desnudo, con sus penes entrelazados, y envuelto en sangre, semen y vísceras. A su lado una nota rezaba: soys unos kabrones tos.

Published in: on 25 julio 2008 at 11:36 pm  Dejar un comentario  
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